miércoles, 8 de julio de 2009

No sé por qué...


Desvaríos, contrastes, vaivenes, sinrazones tiene la vida. En el sitio más insospechado y tranquilo nos encuentra el destino una muerte temprana. Como ha sido la tuya, Alfredo.

Y eso que me aguantaste todas aquellas tardes pinchando rockanroles. Siempre tenías una ratonería con la que dibujarnos una sonrisa. Humor ténue, sin estridencias, tal cual eras tú. Lejanas quedan ya las visitas que mi mente hace al pasado, con motivo de tu recuerdo. Olor a papel de tebeo, papel viejo y polvo de desván. Allí descubrí la lectura, la concupiscencia, y a un amigo que nunca, (nunca) tuvo un gesto agrio. Aromas a calor de verano cuando subía a la casa de tu madre, que era la tuya, que era la mía, pues así me hacía sentir cuando llegaba, abria la puerta y enchufaba mi televisión, que era la tuya. Si eso no es cercanía, calor familiar... Cuantas veces habrá contado el Nani, aquellas tardes irrepetibles, en las que trabajar contigo era disfrutar hasta que se ponía el sol por la valla del camposanto, que ahora te acoje, quien iba a pensar. Seguro que andas por ahí de vez en cuando, seguro...

Teclados de Albéniz, noches de alcohol y amigos, aureolas de juventud que tengo marcadas a fuego. Tu despedida, tu boda, tu casa de arcos donde gastamos tantas horas. Ahora comprendo como se forjó ese deje grouchomarxiano: un padre que era un duende travieso, un adelantado a su tiempo, un árbol florido entre alcornoques. Una madre, doctorada como mujer en las artes del campo y de la cocina, dura como el sol de la tarde, tierna como solo sabe serlo ella. Tremendos palos para semejantes astillas.


Y nos dejas. No sé por qué, como decía la canción más famosa que inventaste y con la que uniste a todo un pueblo, a toda una comarca. Tu mujer, tus hijos, lloran con razón, porque siempre llegaste temprano hasta para morir. No sé por qué, pero así ha sido. Seguro que alguna vez intuiré tu presencia por las tierras de Cabañeros, cuando esté solo, cuando estemos solos. No morirás nunca porque nos dejaste mucho. Hasta siempre chato.

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