miércoles, 22 de julio de 2009

Gregorio Marañón


Dicho así, nos viene a la mente el hospital de la calle Doctor Esquerdo. Pero Gregorio Marañón fue un "galáctico", un "crack", por emplear el lenguaje del común. Devoraré algún día un suntuoso despacho con las fotos de todo aquel que haya supuesto una honda reflexión en mi vida. Mozart, Beethoven, Ortega ( no el del bar), Miguel Angel (no el de Ascensión), Unamuno, y un largo etcétera. Gregorio Maráñón debe ser uno de los que escolten mis sesudas cavilaciones cuando esté enfrascado en algún asunto que me ocupe.

Médico, ensayista, científico, escritor, literato... y disponía de las mismas horas del día que el resto de los mortales para llevar a cabo todas estas ocupaciones, amén de guardar algunos ratos, como es menester, para atender a la familia o darle rienda suelta a algún vicio que otro, que supongo que como buen mortal tendría. Al hombre justo todo le está permitido, y si su mente puede llegar a la excelencia en terrenos tan dispares, entonces le sería perdonado incluso el exceso. Un médico que escribe, un escritor que cura, lo único parecido con lo que me he topado ha sido con Jodorosky, pero él es una versión artística de los magos; es un sanador de los sentimientos más que un científico pragmático.

Historiador, en un país donde faltaba tanta claridad sobre los orígenes, donde la falta, ahora, se ha convertido en hambruna, vivió con el regusto amargo de no encontrar un acomodo político a los españoles: la dictaduras se sucedían, las repúblicas eran una maraña de intereses enfrentados, las monarquías derivaban en corrupción. Al igual que Ortega y Gasset, demandaba un espíritu patrio consolidado, culto y responsable. Qué lejos de una sociedad donde se predica con el reproche y se enaltece a la mediocridad.

Estamos hablando de personajes que no brillaron entre el populacho. Seguro que en su època, el referente era Di Stefano, o Kubala, o yo qué sé. Marañón, como es de cantera, no luce; pero fue miembro de las Academías de Arte, Historia, Medicina, de las Letras, de Ciencias Exactas. Fue doctor honoris causa por la Universidad de la Sorbona, de Coimbra, de Lisboa. Bota de Oro del intelecto español, y no para rematar de cabeza. Además, como no era ni rojo ni azul, no conviene resaltarlo, porque no se comprometió con los buenos, o sea con la izquierda. Maniqueísmos de España. Ahí queda mi recomendación, porque es gratis además de auténtica. Y cuando pasemos por el hospital, sabremos que es tan digno merecedor de un nombre como el Coliseo Alfonso Pérez, por lo menos.


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