viernes 10 de junio de 2011

IUslas afortunadas


Y no precisamente en las Canarias; aunque aquí, en el Corredor del Henares, los rivales están que trinan. San Fernando y Rivas, Julio Setién y José Masa, son dos notas discordantes en el lago azul de la Comunidad de Madrid.

Izquierda Unida no gobierna en muchos sitios. Lejos quedan los califatos de Anguita en Córdoba, seguidos después por la díscola o disidente Aguilar, harina de costales que al final repelieron hoces y martillos. Dos ciudades, dos pueblos, distintos en su modo de concebir a la ciudadanía. Técnica depurada en su maquinaria por hacer y por parecer, que también importa. Dos gotas rojas cuyo peso ha calado en las conciencias, hastiadas unas, indignadas otras, contentas con sus ediles por millares. Los dos pueblos se han plantado en el panorama político madrileño con chulería y desparpajo, mirando por encima del hombro, ya sea pana o tela de cuadros lo que perfila el horizonte de los cuatro años que seguirán con el bastón de mando. La autoridad no entiende de ideologías, y ellos la han ejercido templando, más que mandando. O eso parece.

Dos alcaldes muy populares aunque no divisen gaviotas desde la terraza del ayuntamiento. A lo lejos, quizá, se barruntan bandadas, pero el término municipal es grande y la calle es suya. Julio Setién ha desempolvado plazas viejunas, se codea con la gente del barrio, salpica de barro el cuadro de la bicicleta por los caminos del otrora Real Sitio. José Masa, profesor de carrete largo y cinturón rojo, se deja ver por el pabellón, juega dignamente en el fondo de pista, se gana al público en cada sesión. Son dos líderes de izquierdas con aires de Obama blanco, que saben estrechar las manos y ganarse los votos a puñados, como un inquietante explotar de palomitas blancas.

Miguel Ríos, Dolores Ibárruri, Pilar Bardem, Marcos Ana… nombres que salpican calles, eventos y monumentos, para gozo de correligionarios, con cierto arrimo de ascuas a su particular sardina política, sin rubor ni cortapisas. En los carteles han puesto un nombre que todo el mundo conoce, y así, burla burlando, han construido su mini-sociedad, tan justa o tan imperfecta como cualquier otra, pero con una personalidad innegable. Han materializado la utopía de que IU importa.

El pueblo, consciente de la municipalidad de la fiesta, les ha depositado su confianza; en Rivas, incluso con mayoría absoluta, Setién aumentando huestes y apoyos. Dos IUslas rojas para afrontar cuatro años de sargazos, crisis, impuestos y cotidianeidad. El día a día juzgará la gestión. Y los vecinos de esas dos IUslas del este seguirán decidiendo su futuro: rojo, azul o quizá… magenta.

miércoles 11 de mayo de 2011

¿Por qué?


Esto no es Mouriño. Esto intenta ser poesía.


Por qué, ni siquiera, el roce de la mirada
por qué ese ignorar tan hondamente
profundo…
Por qué los negros párpados del desdén
en ojos caídos que no quieren ver
pero que tanto hieren…
¿por qué?
Si permanezco quieto, por no turbar
el aura de tersura que proyectas
si contengo el aliento para que solo
respirar no te haga dudar, lo intento…
Reacciono, cuanto tu pasar no es pasar
que es honrar el instante que nos recoge
entonces aparezco, en la nube tímida del tabaco
en un parque, en la esquina ajada,
y te hablo con la lengua entrecortada
mental, valiente, a ráfagas
y me presento, de puntillas en tu universo
y ni siquiera entonces coincide,
mi cara resuelta en tu revés;
Anverso de luz en tu ojeada simple
sin que tus párpados se rocen en mi
¿Por qué?…
Tanta esencia derramada, tanto dolor
tan profundo este doler
y décadas de aullar hasta que pasa
martilleando una pregunta dura
la incógnita congelada , fría
Si tener aun el universo me bastara
me repetiré siempre:
¿Por qué?…

Fogonazos mentales de un perdido


Una sábana perfecta, de esas que no conozco, un chorrito de luz diseminada, una pluma para darle empaque a la tarea y un motor dubitativo que respira y suspira. –Piensa algo original, divaga – me viene, y se ilumina un “…con un mono de intentar en la mirada”, y se me queda grabado como la luz que se pega y no viaja.
Siempre me he movido por impulsos, a oleadas. Mal asunto. Dependo de la marea repentina de una palabra o de una imagen que desentona y se torna en sepia para mí, formando una isla de interés por explotar. Huyo como un furtivo de los calendarios y de las tareas programadas, me desesperan sus rígidos corsés, inmisericordes. “Un mono de intentar en la mirada”, el caso es que no suena tan mal, aunque tenga cierto tufo a vulgar ese mono que no es un ser vivo precisamente, sino una funda azul que ponerse para sacrificar en el tajo unas letras y fabricar un buen muro de ideas, si eso basta, o una vivienda corriente, con algún cuartito que otro, menuda licencia. ¿Una casa algún día? Esta por ver. Abogo por armarme de paciencia y aprender algo, para no tener que quemar en un bidón las maderas de algún entarimado pedante.
¿De qué recodo oxidado de mi mente habrá salido la maldita frase? ¿Pretendo tal vez ser más original que nadie? ¿Pienso que la mezcla de lo mundano y lo poético me va a dar puntos, o prestigio, o vanidad gratuita frente a mis compañeros virtuales? Me estoy psicoanalizando delante de una hoja en blanco, comiéndome el tarro de mis esencias y no tengo por qué. Solo hay que pensar contenidamente y rellenar un folio. Para qué tanta pregunta y comezón. Vivencias, anhelos, fotos congeladas, controversias, malas caras, risas espontáneas, momentos vacíos, minutos barrocos, tardes monótonas, el cuentakilómetros bañado de luces verdes, ¿no tengo microhistorias y macrorelatillos y poesías en bruto ahí? Pues eso, que no va a ser tan difícil joer.
¡Ábrete una lata si quieres, para pinchar el duende! Total si no voy a conducir. Siempre me acordaré del verbo fácil y la palabra solícita que me daba el fumar porros. ¡Y lo ocurrente que se ponía uno! Lo mismo sacaba punta a un comentario banal para hacerlo genial, que me reía interiormente, con carnaza cruel incluida de cualquier pobre diablo que pasaba por la calle. Es lo que tiene el mundo sin ataduras que a mi me gusta. Que no impone. Fuera corsés.
Estoy deseando ya ponerme en marcha con el cursito y probar mis fuerzas. Saber que la inquietud que tengo por las letras se puede entrenar, ver los resultados, ver crecer el músculo y menguar la pereza. De momento, Murakami no me está enamorando demasiado. Siempre he visto a los japoneses, prejuicio imperdonable y gratuito, como escritores de plasticucho, planos, de historieta para climatéricas o para jovenzuelas. Quitándome esa mugre de manía estoy estos días. Llevo un par de jornadas de curso y ya me estoy creyendo el rey del Mambo, menuda tela. “Un mono de intentar en la mirada”, eso no lo hubiera escrito Murakami. No sé si él habrá olido alguna tartera recocida en una obra, haciendo bucle con un perfume carísimo de rubia en la calle Jorge Juan. Eso hay que vivirlo y guardarlo bien, para que luego salga intacto el día que te piden rellenar un folio en blanco con lo primero que te venga a la cabeza.

El hilo y la distancia


Un relato escrito en una hora y ante el Tribunal...

Era primera hora de la tarde, un momento de especial sosiego en aquel pacífico pueblo meridional. Mi mano recogía la suya con especial cariño; yo diría que con devoción. Sus pequeños ojos buscaban el nido de los míos, dejándome pequeñas ráfagas de cariño y agradecimiento.
Mi tía Leo. La que tantas veces me ofreció sus manos para que pudiera dar los pasos de una niña, titubeantes. Ella, que siempre nos esperaba en su casa de Madrid, con la cazuela humeante; ese caldo gallego, Dios mío. Ahora me veo yo, como por la ventana del tiempo, fijándome en sus ojos, tan vivos como los de ahora, aunque estén, temerosos, a un paso de la muerte.
Hace calor. La chica que nos ayuda con sus cuidados ha salido un momento, y yo aprovecho para ordenar un poco la habitación, improvisada, abigarrada de trastos, de frascos, de olores. Mi tía descansa, serena, desprovista de cualquier dolor, salvo los del alma y el desánimo. En este momento, ahora mismo, puedo notar que empieza a sentir la placidez de la hora marcada; siente, como un pálpito venidero y liberador, que la hora en la que se reunirá con los suyos queda cerca. Nosotros, yo y mis hermanos, también somos “los suyos”, pero pertenecemos a otro tiempo, a otra era. La misma estirpe, pero con distintas mimbres.
Ella se acordaría, Leonor se acuerda, de sus hermanos emigrantes. Elías, el mayor, que se marchó a Cuba. Socorro, que navegó en un barco mastodóntico a Buenos Aires, junto con Agripina. Por lo menos, las dos pudieron consolar las penas o acunarse las lágrimas en un hombro que huele a la casa de madera y pino de Galicia.
De la primera despedida, siendo apenas una niña, le quedan recuerdos borrosos, mezclados con vapores extraños, y olores a puerto de partida. Elías, allá arriba, agitaba la mano, intentando resaltar entre un proceloso mar de brazos al aire, a cada cual más impetuoso, a cada cual más cargado de esperanza. Una mezcla de sentimientos la invadían, y a la vuelta, un trozo de hilo, polizón en su chaqueta, quiso quedarse con Leonor, desprendido del abrigo de su hermano, para acompañarla siempre. Aún lo guarda en una cajita, en la cómoda. Un día me lo enseñó, como si poseyera un tesoro o un dinerillo bien escondido.
Cuatro de la tarde. El calor cae a plomo sobre el pueblo que sestea. Una nube, furtiva, a lo lejos, se desvanece en tonos rojizos desconcertantes. A ratos, ella duerme, y yo sigo con este imaginar mío de una época revuelta, en puertos abarrotados, y con despedidas difíciles que tienen un complicado encaje y comprensión en el tiempo insulso que vivimos ahora. No tendría más de doce años, esta señora que tengo ahora enfrente, cuando vio partir a Socorro y Agripina. El mayor recuerdo que guarda de ellas es un nombre de mujer, repetido tantas veces, que forjó en su memoria una imagen; una forma de hermana presente con la que poder hablar y contarle sus cosas. Relatarles alguna vez que no tuvo hijos aunque se casó, y de que su marido le duró solo diez años, nada más, mira tú qué cosas. Conversaciones imaginarias, pues no las ha podido ver nunca, y sólo le ha llegado su voz en llamadas de teléfono, desperdigadas, cada veinte años.
Pero Leonor es fuerte. Puro acero orensano, como dice mi padre, y pocas veces la he visto triste o melancólica. Nosotros hemos alegrado sus veranos cuando veníamos al pueblo, y ella nos recibía regalando su marcado acento “da ponte”. Por la noche, nos contaba historias, y sacaba a la luz las fotos color sepia, arrugadas por el tiempo y las caricias. Estaban tan lejos y a la vez, tan cerca.
Ha despertado. La luz se cuela por el pasillo y resbala por su mirada. Unas pupilas que centellean me sonríen. Entonces vuelvo a coger su mano. Abro un cajón y cojo un pequeño estuche nacarado. Lo pongo en las suyas y lo abrimos, las dos a la vez, como si iniciáramos un juego secreto. El hilo suelto y simple de un algodón tan limpio. Esa distancia que no es nada cuando se guarda un vínculo tan celosamente…

martes 1 de marzo de 2011

Melancolías de un amigo


Le damos cobijo a las letras que dejó en el viento, José, el poeta, el viajero, el novelista, el guitarrista... muchas cosas, aparte de tener el corazón roto por una injusticia.
Ahí va:
Uno de los venenos más dulces de los que se sirve la naturaleza para inmovilizarnos es la melancolía. Te inyecta no sé qué en la sangre que te lleva a pensar que el mundo entero es un muladar, pero a ti plín, como si se la machaca con un piano. Lo único qu...e quieres es que el mundo se pare y bajarte en la próxima. Todo es tiniebla e indiferencia. Yo la he visto y me he perdido en ella. Pero un día, hace de esto muchísimos años, el poeta Benito Estrella me enseñó algo. Apagó las luces de una sala considerable, encendió una simple cerilla y la oscuridad retrocedió, haciendo un gran círculo sobre nosotros. Es verdad que hay días en que parece que la oscuridad está a punto de ganar la batalla y amenazara con atravesar el círculo. Es verdad que si piensas en Schnauzi, ese cachorro martirizado por un estúpido sádico, sientes vergüenza de compartir raza, genes y aliento con gente de semejante pelaje. Pero no por eso hay que perderse en el mapa engañoso de la melancolía. Por cada tipo que martiriza a un animal, que pega a un niño, que mata a una mujer, por cada persona que pretende sacar provecho de la debilidad ajena, hay cientos de voces clamando una reparación, pidiendo justicia. He visto en estos días convertida la RED en un hervidero. Miles de ojos escandalizados por la exhibición fanfarrona del sadismo. Como si los aullidos de Schnauzi hubieran despertado las conciencias dormidas. Y todos nos preguntamos ¿qué puedo hacer yo solo ante un mundo tan podrido como este? Pues bien, quizás todo sea posible si enciendes tu propia cerilla e iluminas tu pedacito de terreno, porque lo que está claro es que los imbéciles son legión, pero somos muchos más los que no estamos dispuestos a regresar a la oscuridad de las cavernas

miércoles 29 de diciembre de 2010

Verso y reverso


El reverso es el contínuo esfuerzo que supone hacer algo mínimamente decente acerca de la dificultad y el gustirrinin de vencerla. El verso es para Arnaldo, que ya hace un año que se fue, y todavía sigue vivo en el corazón de todos los suyos y en facebook.

Este año empieza
y le falta algo
algunas piezas
Arnaldos.
Pero hay que dejarte ir
...y seguir con entereza
y luchar, y reir, y vivir
ver lo bello entre la maleza
y llevar, sobrellevar
el trago amargo
Dejarte ir, para seguir
dejarte volar, para seguir volando
y sólo a veces recordar...

martes 14 de diciembre de 2010

Elogio de la dificultad.


¿Por qué elogiar el esfuerzo? ¿Por qué minusvalorar lo fácil? Lo primero quiero hacerlo evidente, explícito, y rumiarlo durante dos días. Lo segundo no es del todo cierto. Aunque también habrá que darlo unas vueltas. Ahí queda.