lunes, 24 de marzo de 2008

VIAJAR A CONTRAPELO

Viajar. Conocer. Experimentar. Sentir. Para sentirse vivo, huir de la vida. Para huir de la muerte, buscar la luz de lo nuevo; y al igual que para escribir, hacerlo sólo, o a solas con nuestro complementario.
El discurrir de los años nos ofrece la recompensa de la certeza, de la aproximación a nuestra seguridad, y en lo concerniente al viajar, seguro estoy de que debo hacerlo por sendas despejadas, por los eriales del caminar a rebufo de nadie; caminos despejados para unos pocos, viajar a contrapelo.´
En tiempos pasados, generalmente mejores, los que se acercaban a las fuentes de la literatura se solían vestir para la ocasión, elegían las mejores ropas, las más limpias, para crear el ambiente perfecto para la lectura. Maneras de vivir. Ahora resulta rocambolesco y cursi. Bien es verdad que aquellos hierofantes de la lectura tenían buena vestimenta, y armario, y tiempo. Los demás, bastante tenían con lavar el sudor de las labores del campo en los arroyos de los pueblos. La misma actitud, depurada por el progreso de las maneras y el sentido común, hay que tener para poder visitar el acervo cultural del pasado, y esas vestimentas hay que convertirlas en huida consciente del turismo fácil y acomodaticio de las vacaciones apresuradas. Si no evitamos las aglomeraciones, no nos llegará el mensaje. Si no buscamos la rareza de las fechas inusuales, no nos quitaremos de encima la mugre material que nos inunda. Carreteras desiertas, "párquines" vacíos, las llaves descansando colgadas en la recepción del hotel.
Corrientes que nos arrastran y que se deben evitar. Brazear a la orilla para coger perspectiva, y después subir a contracorriente a donde el río nace.
Viajar, conocer, experimentar, y no perder el tiempo en procesiones de coches y de gentes, donde se dispersa nuestro interés y sólo queda el recurso de recordar que tenemos que escribir unas letras sobre el sopor de lo cotidiano.

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