La calle Atocha

La calle Atocha es una señora sesentona, con sus prejuicios y sus resabios. Ha estado aquí desde hace la tira y se las sabe todas. Prolonga su sombra gris para que todo el mundo resbale por encima de ella, llevando su existencia a cuestas y sus prisas, y ella, como una madre permisiva, deja al libre albedrío del devenir nuestras causas y nuestras cuítas. Pervive en la memoria y sobrevive a las obras y los asfaltados. Mira de reojo las malas acciones y los milagros diarios. Renace todos los años con las colas de beatas del Cristo de Medinaceli. Se pasea con el bolso bien pegado al cuerpo y cuando alguien pregunta por ella siempre aparece por la bocacalle más cercana. La calle Atocha se toma sus vinitos en Huertas, y queda con sus amigas en Lavapiés para recordar los tiempos mozos, cuando una vecina era una hermana y una enemiga a la vez, y los recuerdos todavía recuerdan las fiestas chulapas y las gallinejas. Sobrevive en un refunfuño a los botellones y las vomitonas, y no le gusta much...