La naturaleza imita al arte (de la guerra)

En la casa de la carretera, hace años que se vienen rebelando las naturalezas interiores. Salen los jaramagos y los tallos vigorosos como si quisieran escapar de una leyenda oscura y ancestral. Ella nos dejó una casa intacta y una personalidad inimitable. Fue personaje y persona; lugareña, autóctona, víctima y heroína. Nunca presumió de nada, ni falta que le hizo. Fue Diógenes para su comunidad, y como el sabio de Sínope, no conoció las modas ni los protocolos. Cuando comprobó que el carro que empujaba suponía un lujo, acarreaba sus impedimentas con la mano. Y trasladó todo esa filosofía a los aspectos más personales de la vida. Se fue sin que nadie lo supiera. Diríamos que un buen día, cerró la puerta tras de sí, y ese portazo sonó como un signo de admiración: abrumaba su normalidad. Vivía en la última casa del pueblo, y no tuvo luz ni agua hasta bien entrados los años ochenta. Se lo pusieron casi por decreto municipal, porque ella nunca hizo por tener esos lujos, habiendo cántar...