El cuerpo humano, y la mente también, están hechos para resguardarse de los cambios, para ahorrar energía innecesaria. Por eso existen dos clases de "frenos" naturales; físico y psíquico, de los cuales sólo podemos efectuar una salida hacia adelante. Todo esto viene al caso porque existe una conexión entre el miedo a la libertad (con todo lo que conlleva en cuanto a vislumbrar nuevos horizontes, asomarse a precipicios desconocidos, recibir golpes en sitios incómodos) y la terca aptitud de la voluntad del hombre hacia los cambios. Por lo tanto, y uniendo los dos párrafos anteriores podemos ligar una pregunta, a priori absurda, pero con enjundia intrínseca: ¿El amorcillamiento intelectual o carnal, la extraña tendencia a la conservación "sillomboliana" es un mecanismo de conservación de la naturaleza positivo? O de otra forma: ¿En qué medida debemos contrarrestar las causas perjudiciales, poniendo en práctica el saber de todos estos siglos? Son preguntas que a veces s...