Tú que vienes, ajeno a todo.


Vienes sólo. Sin saber donde parará tu tren, en qué estación te vas a apear. Surgiste de la nada como un "terminator" inocente, purísimo. Tu ignorancia me abruma, me maravilla; es óbice para sentir que, aunque no eres más grande que un celular, me siento yo más pequeño que nada en el mundo, comparado contigo. Me siento colmado, pleno, perplejo ante la idea de que he contribuido a traerte aquí. Yo, que a duras penas acabo un proyecto. Sí, yo, campeón de las imperfecciones. Yo mismo, en efecto, con más costras que un chaval en verano.


Y esto no ha hecho nada más que empezar. Si ahora no puedo quitarme tu imagen difuminada de mi cabeza, qué será cuando te espere en el andén a que llegues. Mientras esté a la altura del acontecimiento me sobra. Tu sola presencia, tan cercana y tibia, me arroba. Cuando te mire, ya te admiraré, sin que medie una palabra.

Comentarios

Entradas populares de este blog

𝙀𝙇 𝙈𝙄𝙎𝙏𝙀𝙍𝙄𝙊 𝘿𝙀 𝙎𝙊𝙈𝙊𝙍𝙍𝙊𝙎𝙏𝙍𝙊

Cero-comentando

LA CASA QUE CRÍA MALVAS