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Arreando estopa dirigida

Sí. Es tanto lo que me dicen y me sugieren que me voy a ofrecer a ello. Busco, como decía el otro, un centro de gravedad permanente, asi es que, pídanme lo que quieran; rocigalgo2006@hotmail.com tiene la culpa. Asi es que arriendo mi pluma y la mano de obra para todo sobre lo que haya que decir algo. Me caso. Y parece que desde que el gusanillo de la charanga, la fanfarria , el arroz crudo, la mascletá de rigor, la cuchipanda de diseño y la brisa amable de Gandía me aguardan en el futuro ningún toro me da miedo. ¡A mi hasta las vaquillas con resabio! ¡Echadme un galgo que le restriego la muleta por el hocico! Me atrevo hasta con los cabestros tipo Bono, esos que te meten el cuerno y luego dicen que se estaban espantando las moscas. Me sugirieron el chiqui-chiqui, Moratinos, sobre Zapatero y su gobierno de broma, sobre los malos tratos y sus modas, del tráfico, de Madrid 2012. Pero no me llenaban el ojo. Pero quien sabe, puede que mañana mismo me ponga con ellos. Ahora mola eso de deci...

ESCENAS EN UN PARQUE

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El tiempo venía revuelto, y su hija le abrigó bien antes de que saliera de casa. Hacía tiempo que no se ponía ese abrigo recio, pasado de moda, pero eficaz como ninguno contra el relente que se cuela hasta los huesos en esta época del año. Funcionario jubilado de los tiempos en que el color gris era el tono de pantoné oficial. Cuarenta años gastados frente al carro de una olivetti acorazada que marcó miríadas de papeles con otros tantos ríos de tinta negros, impersonales. Viudo desde hace diez años. Los únicos recuerdos de su mujer cabían en una pequeña caja dorada que guardaba en la mesita de noche, prestada, en la casa de Matilde, su única descendiente. Como todos los días, bajaba al parque de un barrio artificial, una ciudad dormitorio cualquiera que, para él, era casi cementerio. No había nada que le uniera a estos árboles, ni a estas calles, ni a estas gentes. Atrás quedó su casa en el corazón de Madrid, donde todo también ha perdido aquel olor a puchero, al arenque de ultramarino...

VIAJAR A CONTRAPELO

Viajar. Conocer. Experimentar. Sentir. Para sentirse vivo, huir de la vida. Para huir de la muerte, buscar la luz de lo nuevo; y al igual que para escribir, hacerlo sólo, o a solas con nuestro complementario. El discurrir de los años nos ofrece la recompensa de la certeza, de la aproximación a nuestra seguridad, y en lo concerniente al viajar, seguro estoy de que debo hacerlo por sendas despejadas, por los eriales del caminar a rebufo de nadie; caminos despejados para unos pocos, viajar a contrapelo.´ En tiempos pasados, generalmente mejores, los que se acercaban a las fuentes de la literatura se solían vestir para la ocasión, elegían las mejores ropas, las más limpias, para crear el ambiente perfecto para la lectura. Maneras de vivir. Ahora resulta rocambolesco y cursi. Bien es verdad que aquellos hierofantes de la lectura tenían buena vestimenta, y armario, y tiempo. Los demás, bastante tenían con lavar el sudor de las labores del campo en los arroyos de los pueblos. La misma actitud...

Panacea

Eran las cinco. Las cinco de la tarde. Y le ví los cuernos a la vaca de la ignorancia. Puedo jurar que nunca pensé encontrarme con semejante situación, en las aulas de una universidad. En la clase de Economía de segundo, donde día a día seguimos los dictados de una profesora nefasta (porque nulo de pleno derecho hay que ser para dictar y encima hacerlo mal) una compañerita de riñonada al aire y mirada perdida en las quimbambas se quedaba de piedra cuando Susana, la profesora, dijo que una solución de blablablá no era la panacea. Admirada por semejante tecnicismo y "flipando de verdá, tío" (traduzco, literalmente) inspiró; se sacudió el vocablo que se agarraba como un pulpo a su pseudocerebro, levantó el fálico y chupadísimo boli y le preguntó a la dictante: -¿Panacea?. ¿Eso qué es?- Tengo que decir que su pregunta estaba tintada en parte de cierta admiración. Admiración por una palabra que no conocía, y que a ella le parecía que había sido extraída de la novela más oscura y e...

PERFUME DE TÍ

Cómo contarte y nunca el cuando del presente pasado y venidero del vivir y existir caminando de tu mano el sentir verdadero Del ser voluntarioso barquero estar de tu fuente abrevando sabor de tu boca y del quiero querer de tu alma y remando. Del ser no ser nada y afloro sentir cada célula y dando de mí cada piel, cada poro dormido y sin par despertando Soy viento que guarda un tesoro sirviente que sueña, reinando la esencia del barro y del oro guardián de tu luz, y soñando. Vivo en tí, suma y sigo, no añoro muero en mí, de los años robando era aquel que yacía, penando soy el fuí que renace, soy todo.

La poética de las elecciones.

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Existen varias capas en este mundo. La cebolla de la existencia se pela con dificultad, no podemos separar con facilidad las dimensiones donde habitamos. Esto no es jamón serrano en bandeja, ni falta que hace. Sabemos o intuímos que existe un más allá. Quién no ha experimentado un escalofrío extraño, o un sueño revelador, o la desconcertante duda de una extraña coincidencia a la que despojamos de toda razón porque, sencillamente, no la hay. Eso es el más allá, que quiere decir que en esta dimensión, donde podemos pegar un chicle debajo del pupitre y la calle huele a gasoil o a contenedor, estamos en el "allá". Poético ¿no?. " En este allá de penas, de espinas... furtivas ráfagas de amor, eterno llanto en las esquinas..." El poeta tenía un buen cuchillo de pelar. Y escribía, posiblemente, para que no le hablaran; para que mantener el secreto de sus letras le proporcionara el calor reconfortante que le negaba la vida. A los demás, desprovistos de utensilios innatos, n...

Olvido, dueño de la mala cabeza.

Por lo menos me acuerdo de lo que voy a hablar. El caso es que a mí se me olvidan las cosas. Las accesorias y las de "clase media". Espero que la enfermedad no vaya a más y algún día se me olvide cómo me llamo, o donde vivo, o a qué dedico el tiempo libre. Examen de conciencia, penitencia y propósito de enmienda son las tareas que tengo encomendadas. Pongo hoy mismo, una vela a Dios y otra al Diablo para que me guien por la senda del orden y de la disciplina. Debe ser cuestión del gusto por la improvisación, que me fascina. Debe ser. Luchar contra los defectos es tarea árdua. ¿Quién sabe los trastos que descansan por los rincones, recovecos y puntos muertos de mi memoria? ¡Qué extraña estancia! Puede haber de todo. Quizá en algún sueño extraño pueda yo regresar a ese zaquizamí en penumbra para rescatar lo que merezca la pena. ¿Me atreveré a cruzar el umbral de la puerta? La imaginación me lleva por un pasillo incierto que mi recuerdo, a duras penas, retiene en su conciencia. ...